La Selección Mexicana sufrió un robo en Oakland, California, antes del partido amistoso contra Japón. Un tráiler con material deportivo fue saqueado, lo que dejó como resultado la pérdida de uniformes, equipo de entrenamiento y una máquina especial para suavizar zapatos de los jugadores.
El incidente sorprendió al cuerpo técnico y a la directiva. La Federación Mexicana de Fútbol intentó bajar la tensión y aseguró que el equipo seguiría con normalidad. Sin embargo, la polémica no se detuvo. Esa misma noche, una camioneta de Claro Sports también fue vandalizada. La situación encendió críticas en medios y redes sociales.
Varios periodistas acusaron falta de organización y seguridad en la gira. Algunos jugadores se mostraron incómodos porque parte del material robado era personalizado. La FMF respondió que lo sucedido no afectaría los entrenamientos, aunque los aficionados no quedaron convencidos.
Debate en México
El caso abrió una fuerte discusión. Una parte de la afición lo ve como un detalle menor y pide enfocarse en lo deportivo. Otros creen que refleja improvisación y poca seriedad, más grave aún considerando que México será sede del Mundial 2026.
Lo ocurrido deja una reflexión importante. En el fútbol actual, la organización fuera de la cancha es tan clave como el rendimiento en los partidos. Que roben el material de la Selección Mexicana en una gira internacional genera dudas sobre la seriedad del proyecto. El próximo partido será contra Corea del Sur, pero la pregunta queda: ¿cómo confiar en un equipo que no logra proteger ni su propio material?


