El mundo va cada vez más rápido, todo es mucho más frenético, más instantáneo, más urgente. Cuántas veces no hemos sentido que el tiempo se escapa de las manos como si de arena se tratase. Lo peor del caso es que no tenemos la más remota idea de por qué nos pasa esto; a lo largo del tiempo los sociólogos lo han estudiado a fondo, como Zygmunt Bauman y su acertada teoría de la sociedad líquida.
La explicación que más me ha fascinado es la que hace Michael Ende, explicación que plasma elementos fantásticos en una realidad cercana a nosotros a través de su cautivador cuento, Momo.
Esta historia nos presenta a una niña que, sin disponer de más armas además de su aguda imaginación y particular talento para escuchar a los demás, derrotó a la monstruosa organización de los “ladrones de tiempo”.
Considero que Momo refleja a detalle la complicada relación que se tiene con el tiempo y la productividad hoy en día, la incapacidad que se tiene para bajar el ritmo, lo condenado que está el descanso absoluto, a veces solo tomarse cinco minutos para respirar y poner nuestros pensamientos en orden parece algo absurdo o innecesario. Si desperdicias el tiempo, tan valioso y escaso, te debes de apartar del camino. A fin de cuentas, entre más trabajes hoy tendrás más garantizado el descanso y una vida plena mañana, ¿cierto?
Una de las hazañas más destacables de Michael Ende al escribir Momo fue la capacidad de que su obra fuera entendible por todos, tanto niños como adultos, al usar analogías para simplificar y explicar conceptos algo complejos para que sean más sencillos de entender.
Tenemos, por ejemplo, a los “hombres grises” o “ladrones de tiempo”, que representan el terror al que nos exponen las exigencias de la vida moderna a desperdiciar el tiempo en cosas que se consideran inútiles, los pensamientos que nos carcomen y no nos permiten gastar nuestro tiempo en lo que verdaderamente queremos. Por otro lado, están las “flores de tiempo”, el tiempo en si mismo, un “algo” que se le otorga a cada persona, algo que determina su tiempo de vida y está guardado en el corazón de cada individuo. Y también está el “Maestro Hora”, el administrador del tiempo, quien daba a la gente el maravilloso regalo de las flores de tiempo.
Para concluir, pienso que el autor verdaderamente plasmó un problema real de la actualidad de manera muy precisa, ya que usualmente no nos hacemos el tiempo de vivir nuestra vida de manera plena, sino que nos enfocamos en qué tan productivos somos para los demás. Nos invita a contemplar cómo la vida florece con cada latido.


