Donde antes había una casa, hoy puede haber un restaurante, una cafetería o un pequeño negocio familiar. En Ciudad Granja, donde se encuentra nuestra Universidad Panamericana, las viviendas conviven cada vez más con establecimientos comerciales que forman parte de su vida cotidiana. El cambio no ocurre únicamente en las nuevas construcciones o en los grandes desarrollos. También está dentro de algunas casas que, con el paso de los años, han adaptado sus cocheras, cocinas o banquetas para convertirse en espacios de venta.
La transformación ocurre en una colonia que también ha experimentado un crecimiento importante. De acuerdo con el Instituto de Información Estadística y Geográfica de Jalisco (IIEG), Ciudad Granja tenía 12 mil 988 habitantes en 2020, ahora se estima que tiene más de 13 mil habitantes. Además, una investigación la Dirección de Obras Públicas y Ordenamiento del Territorio de Zapopan otorgó 243 permisos de construcción otorgados en la colonia en los últimos 12 años. El crecimiento de vivienda vertical ha modificado una zona que tradicionalmente estuvo caracterizada por casas y calles empedradas.
La Universidad Panamericana también forma parte del entorno que ha acompañado esta transformación. El Campus Guadalajara abrió sus puertas en 1981, en un predio ubicado en Ciudad Granja, con tres licenciaturas y poco más de 90 alumnos. Actualmente, la institución cuenta con una oferta académica mucho mayor y recibe a estudiantes de distintas partes del país. Para José Antonio Ruiz Cholico, miembro de la asociación de vecinos de la colonia, la presencia de estudiantes y personas provenientes de otros lugares es parte de la nueva dinámica.
“Ciudad Granja está creciendo muchísimo”, explica. Desde su perspectiva, algunos propietarios encuentran en sus viviendas una oportunidad para establecer un negocio familiar, sobre todo ante el crecimiento de la demanda y el costo que puede representar rentar un local. Para él, la aparición de estos comercios no necesariamente significa que la colonia esté perdiendo su carácter habitacional, sino que puede representar una manera de adaptarse a los cambios.
Uno de los puntos donde este fenómeno resulta más visible es la calle Las Palmas. José Antonio identifica esta zona como un espacio donde se han concentrado distintos negocios, principalmente relacionados con alimentos. Restaurantes, establecimientos para desayunos y otros comercios han encontrado espacio dentro de una colonia donde las casas todavía forman parte importante del paisaje.
La actividad comercial también modifica la vida de las calles durante el día y la noche. Para Ruiz Cholico, la presencia de negocios puede generar mayor movimiento e iluminación en zonas que después de las ocho de la noche suelen quedar prácticamente vacías. Los establecimientos mantienen personas alrededor de sus viviendas y, desde su perspectiva, esto puede contribuir a que algunos espacios se perciban con mayor seguridad.
Sin embargo, el movimiento también genera dificultades. Uno de los principales problemas que identifica es el estacionamiento. La llegada de clientes puede provocar que algunos automóviles ocupen espacios destinados a los vecinos o incluso se estacionen sobre los empedrados. El problema no se limita a quienes llegan desde otras zonas, sino que también puede ocurrir con personas que viven en la propia colonia.
El crecimiento de Ciudad Granja ha hecho que esta tensión entre vivienda, comercio y nuevos habitantes sea cada vez más visible. En marzo de 2026, vecinos de la colonia incluso se organizaron ante el crecimiento de torres habitacionales y otros problemas relacionados con la expansión urbana. NTR Guadalajara reportó entonces la queja vecinal sobre que habían contabilizado al menos 26 proyectos verticales en proceso o recién construidos y que buscaban modificaciones al uso de suelo para contener parte de ese crecimiento.
Pero la transformación comercial también puede tener una dimensión distinta a la de los grandes desarrollos. Para algunos habitantes, tener negocios dentro de la propia colonia significa poder resolver necesidades cotidianas sin desplazarse a otras zonas. Ruiz Cholico habla de desayunos, tacos, bebidas y otros alimentos que pueden encontrarse a pocos minutos de casa. La relación entre cliente y comerciante también puede generar vínculos que van más allá de una simple transacción.
“Así vas formando como una comunidad”, explica. Para él, conocer quién prepara los alimentos, recomendar un negocio y consumir productos de otros vecinos permite generar relaciones de confianza. La publicidad de boca en boca se convierte entonces en una herramienta para pequeños establecimientos que dependen, en buena medida, de la gente que vive o pasa regularmente por la zona.
La historia de Andrés García, propietario de las hamburguesas Gyby, un negocio de hamburguesas ubicado dentro de la colonia, muestra hasta dónde puede llegar esa transformación. Andrés comenzó a vender alimentos cuando tenía 16 años. En 1991 trabajaba como ayudante en una carpintería y buscaba un segundo empleo para ayudar económicamente a su familia. Un conocido le ofreció trabajar con un carrito de hot dogs que era colocado en el exterior de su casa, ubicada en la colonia.
El negocio comenzó en la banqueta. Primero fueron los hot dogs, después, ante la petición de los clientes, llegaron las hamburguesas. Cuando su patrón dejó de aumentarle el sueldo, decidió independizarse. En octubre de 1991 comenzó formalmente con su propio emprendimiento de idéntico giro, apoyado por su madre.
Más de tres décadas después, el establecimiento continúa en el mismo domicilio. La diferencia es que aquella banqueta se convirtió con los años en una parte acondicionada de la vivienda. La cochera y la cocina de la casa fueron adaptadas para el funcionamiento del negocio. Incluso el cambio estuvo relacionado con una intervención de las autoridades, ya que dejó de ser posible trabajar en la banqueta debido a la obstrucción del paso peatonal. La solución fue trasladar la actividad hacia la cochera.
El cambio de la banqueta hacia el interior de la vivienda también estuvo relacionado con las restricciones para utilizar el espacio público La situación coincide con la regulación municipal de Zapopan, que establece restricciones para utilizar las banquetas con actividades comerciales u ocuparlas con objetos. De esta manera, una actividad que originalmente se desarrollaba en la vía pública terminó integrada al espacio privado de la vivienda.
Negocio Familiar
El propietario recuerda que sus hermanos eran pequeños cuando comenzó la venta y que prácticamente crecieron con esa dinámica. Con el paso del tiempo llegaron los sobrinos y la vivienda adquirió también un significado familiar. Entre los suyos incluso la llaman “la casa grande” y la conocen como un espacio que funciona como vivienda y como negocio al mismo tiempo.
La adaptación, sin embargo, no siempre ha sido sencilla. El propietario reconoce que combinar la vida familiar con una actividad comercial genera dificultades. La cocina forma parte del negocio, la cochera recibe clientes y los automóviles ocupan los alrededores. Cuando sus hermanos visitan a sus padres, en ocasiones deben convivir con el ruido y el movimiento del establecimiento. Para mantener un espacio privado, la familia reservó los jueves, día en que el negocio descansa, para reunirse.
La historia de Gyby también permite observar cómo ha cambiado la propia colonia. Cuando comenzó a vender, sus principales clientes eran vecinos que se conocían entre sí. Con el paso de los años, esa relación cambió. El propietario calcula que actualmente solamente alrededor de 10 por ciento de sus clientes son personas que conoce de la colonia. El resto está compuesto por nuevos habitantes, estudiantes y personas de zonas cercanas.
Su experiencia coincide con el proceso de crecimiento que ha vivido Ciudad Granja. La investigación de ZonaDocs señala que la colonia ha experimentado una transformación acelerada por la construcción de vivienda vertical y que su crecimiento está relacionado, entre otros factores, con la cercanía de universidades y otros puntos de la ciudad
Esta idea indomitus lo confirma en el que combina una torre vertical con negocios que atienden a trabajadores de lunes a viernes, meseros reconocen que prácticamente no tienen actividad porque los habitantes de la colonia prefieren salir a otros lugares más concurridos aunque tengan que desplazarse en automóvil.
A pesar de la llegada de grandes cadenas comerciales, el propietario de Gyby asegura que ha logrado mantenerse. Recuerda que la apertura de un Carl’s Jr. en la Plaza Ubika le generó preocupación por la competencia, pero con el tiempo comprobó que podía conservar a sus clientes. Su principal diferencia, explica, está en mantener una preparación casera. La carne y las verduras se preparan diariamente y buena parte del proceso se realiza de manera manual.
Su permanencia durante más de 30 años también refleja otra característica de los negocios que nacen dentro de las viviendas, que no siempre se trata de establecimientos que llegan desde fuera para aprovechar el crecimiento de una zona. En algunos casos, son proyectos que forman parte de la historia de las propias familias de Ciudad Granja y que crecieron junto con la colonia.
Ciudad Granja, por tanto, no solamente está cambiando porque aparecen nuevos restaurantes o porque algunas casas modifican sus cocheras. La colonia atraviesa una transformación más amplia en la que conviven viviendas tradicionales, negocios familiares, estudiantes, nuevos habitantes y edificios de departamentos, plazas comerciales y torres de oficina.
En medio de ese cambio, las casas que se convierten en comercios cuentan una parte particular de la historia. Son espacios que no desaparecen por completo como viviendas, sino que adquieren una segunda función. La casa puede seguir siendo el lugar donde una familia vive, pero también puede ser el sitio donde prepara hamburguesas, vende desayunos o recibe clientes.
El futuro de Ciudad Granja parece estar marcado por esa convivencia. Para José Antonio, la llegada de comercios puede ser una oportunidad para fortalecer los negocios locales y crear comunidad. Para quienes viven y trabajan dentro de estas viviendas, como el propietario de Gyby, significa aprender a equilibrar la vida privada con una actividad que durante décadas ha formado parte de su hogar y constituye su principal sustento económico.


