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El Cónclave tras la muerte del Papa Francisco

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Tras doce años de liderar la Iglesia Católica, el Papa Francisco —cuyo nombre de pila era Jorge Mario Bergoglio— falleció a sus ochenta y ocho años de edad el veintiuno de abril de 2025. Según las noticias oficiales del Vaticano, se identificó como causa de muerte un infarto, seguido de una coma y colapso cardiocircular irreversible; previo a ello, el Sumo Pontífice contaba con historial de fallo respiratorio causado por pneumonia, bronquitis, alta presión y diabetes del tipo II.

El periodo de duelo es de nueve días, en el tercero de los cuales —durante la celebración de Misa— el Cardenal Baldassare Reina pusó en palabras lo que fieles al rededor del mundo sentían y no sabían expresar.

“NOS SENTIMOS COMO OVEJAS SIN PASTOR.”

Y así, en busca de su siguiente pastor, el Vaticano espera la llegada de sus Cardenales electores desde todos los rincones de la tierra para llevar a cabo el Cónclave.

Empezará el proceso con la celebración de Misa  el día 7 de mayo de 2025 y al finalizar la misma habrá una procesión solemne de Cardenales dirigida hacia la Capilla Sixtina. Allí, tras la entonación del himno Veni, Creator Spiritus, jurarán cumplir con su deber.

Dentro de la Sixtina, el ambiente podrá ser tenso pero siempre se mantiene organizado. Habrán bancos para el recuento de votos y un horno donde se quemarán las papeletas —de ahi las famosas fumatas blancas o negras—. Para que un candidato se convierta en Papa, necesita al menos dos tercios de los votos en todos los casos.

El procedimiento de la votación es intenso, se llevan a cabo cuatro votaciones diarias —dos por la mañana y dos por la tarde—. Si después de 33 o 34 rondas no ha habido resultado, el mecanismo cambiará. Se realiza a una segunda vuelta obligatoria entre los dos cardenales más votados en la ultima votación, mismos que no tendrán derecho a voto en dicha ronda.

Si algún candidato alcanza la mayoría requerida, la elección es válida canónicamente, el último en el orden de los diáconos llama al Maestro de Celebraciones Litúrgicas y al Secretario del Colegio Cardenalicio. Entonces llega el momento de la gran pregunta: “¿Acceptasne electionem de te canonice factam in Summum Pontificem?” (¿Aceptas tu elección canónica como Sumo Pontífice?); si la respuesta es “Sí”, sigue otra pregunta clave que marcara el resto de su camino como Papa: “¿Quo nomine vis vocari?” (¿Con qué nombre quieres ser llamado?), así, el nuevo Papa elige su nombre pontificio —como Bergoglio escogió Francisco—.

Es en ese momento que se queman las papeletas; humo blanco sale por la chimenea y la Plaza de San Pedro y el resto del mundo que los acompaña desde casa se desatan en emoción.

El Pontífice se retira a la Sala de las Lágrimas —sacristía de la Capilla Sixtina—, donde se viste por primera vez con los ornamentos papales. Después, los cardenales le rinden homenaje y se entona el Te Deum, marcando el fin oficial del Cónclave.

De pronto llega el momento más esperado, cuando desde el balcón de la Basílica, un cardenal anuncia:

“Habemus Papam!”

Y así el Papa, nuevo sucesor de Pedro, precedido por la cruz procesional, saluda al mundo y da su primera bendición Urbi et Orbi, a la ciudad de Roma y al mundo entero.