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Alea (suerte) y los Rubicones

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En el año 49 A.C., en los albores de una Roma desgarrada por la tensión política y militar, Cayo Julio Cesar pronunció una frase que se grabaría con tinta indeleble en la historia: “Alea iacta est“, es decir “La suerte esta echada”. Aquel momento crucial ocurrió cuando cruzó el río Rubicon, límite sagrado que ningún general podía atravesar con su ejercito, puesto que estaba prohibido por la ley, sin embargo, con este acto inició la guerra civil. César sabía que, al dar ese paso, no había vuelta atrás.

La frase, atribuida por el historiador Suetonio a Cesár, no fue una mera declaración dramática. Era la aceptación de que, al tomar esa decisión, ya no había vuelta atrás. Cruzar el Rubicon significaba una guerra civil. Pero también significaba asumir las consecuencias, buenas o malas, de una determinación tomada en un punto en el que se tiene que escoger que hacer.

Evolución en un mundo que se dice moderno

Desde entonces, “alea iacta est” se ha convertido en sinónimo de punto de no retorno. En política, en negocios, en decisiones personales, es la forma de decir que ha ocurrido algo de lo cuál se espera como se desenvuelve, o dicho de otra manera, el camino ya esta hecho.

Sin embargo, el futuro es incierto y desconocido para nosotros, por lo tanto, aunque tengamos miedo de tomar decisiones que parecen no tener retorno, no debemos de perder la esperanza y dejar todo a la “suerte”, de esa manera justificando nuestra cobardía. Tenemos un compromiso por seguir avanzando, saber que es lo pasa si cruzamos los Rubicones, debemos ser valientes y buscar defender ideales.

En conclusión, puede o no haber algún camino trazado, destino, etc. Pero nosotros desconocemos dicha “causa final”, y es por esto que debemos de esforzarnos y saber que en las encrucijadas de esta vida debemos de enfrentarlas y buscar el bien en ese enfrentamiento. De esa manera podremos alcanzar una sociedad mas feliz y en paz.