Con las recientes tensiones causadas por las controversias arancelarias del presidente Donald Trump, la Secretaria de Relaciones Exteriores ha logrado renegociar con Estados Unidos el Tratado de Aguas de 1994. El acuerdo pretende resolver las problemáticas ecológicas, económicas y políticas de ambas naciones.
Así expresó Roberto Velasco Álvarez, Jefe de la Unidad para América del Norte de la Secretaría de Relaciones Exteriores, a través de sus redes sociales:
“Por el bien de ambas naciones, México y Estados Unidos llegaron a un acuerdo sobre las asignaciones de agua del Río Bravo conforme al Tratado de 1944. Las acciones acordadas asegurarán el abastecimiento para consumo humano y el desarrollo de la frontera norte de nuestro país.”
¿Qué se acordó?
El tratado fue tema de discusión cuando Donald Trump señaló que México no está cumpliendo correctamente el tratado, causando la afectación de los agricultores de Texas. Junto con la Secretaría de Agricultura de Estados Unidos, se contempló en el acuerdo que México transferirá embalses, cuerpos de agua formados por una construcción en el lecho de un río o arroyo que cierra parcial o totalmente su cauce, así como aumentar los caudales del Río Bravo.
“Hemos conseguido una transferencia inmediata de agua desde los reservorios internacionales a los agricultores de Texas. Esto satisfará las necesidades inmediatas de los agricultores y ganaderos estadounidenses y prepara el terreno para el pleno cumplimiento por parte de México en el próximo ciclo bajo el Tratado de Aguas de 1944.”
Compartió la secretaria Brooke Rollins de la Secretaría de Agricultura.
Tratado de Aguas de 1944
El Tratado entre ambas naciones se celebró como un instrumento de la Comisión Internacional de Límites y Aguas (CILA), relacionado con el aprovechamiento del Río Colorado y el Río Bravo.
Sus principales objetivos son los siguientes:
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Repartir de forma justa las aguas de estos ríos entre México y Estados Unidos para usos agrícolas, urbanos e industriales.
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Colaborar en la construcción de presas y embalses para almacenar y administrar mejor el agua, especialmente en sequías o lluvias intensas.
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Garantizar que México reciba una cantidad fija de agua cada año, sin importar las variaciones naturales del río.
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Prevenir daños por inundaciones mediante obras como canales y diques.
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Repartir equitativamente el agua del río Tijuana entre México y Estados Unidos, considerando las necesidades locales.
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Planear y construir presas y sistemas de irrigación que beneficien a ambos países.
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Mejorar la calidad del agua de los ríos compartidos para proteger la salud, la biodiversidad y el acceso a agua limpia.
En el artículo 2, se contemplan las actividades:
- Usos domésticos y municipales.
- Agricultura y ganadería.
- Energía eléctrica.
- Otros usos industriales.
- Navegación.
- Pesca y Caza.
El presente acuerdo es un avance en las relaciones económicas y políticas de ambas naciones, pero México aún enfrenta desafíos. A nivel nacional estamos enfrentando una creciente sequía y cambios climáticos cada vez más notorios. Volviendo de mayor importancia la capacidad del gobierno de México de equilibrar la paz internacional y la situación interna.


