Inicio Diálogos con el entorno Ciudad Granja La seguridad de Ciudad Granja de ayer y de hoy

La seguridad de Ciudad Granja de ayer y de hoy

6
0

En 1997, llegar a Ciudad Granja era, para muchos, dejar atrás el movimiento de Guadalajara. El Periférico parecía marcar una frontera entre la ciudad y una colonia. Allí todavía había granjas, fábricas, grandes terrenos y vecinos que se conocían entre sí. Así lo recuerda Miguel Bracamontes, quien encontró en aquella tranquilidad una de las principales razones para establecerse en la zona. Casi tres décadas después, la colonia ha cambiado. Los edificios, cotos privados y establecimientos comerciales forman parte de un paisaje urbano muy distinto al de entonces.

Para Delia Velázquez, el cambio también se refleja en algo tan cotidiano como salir a caminar. Ella ha vivido en Ciudad Granja durante 50 años. Antes acostumbraba ir temprano al Parque Metropolitano sin mayor preocupación. Hoy prefiere recorrer lugares cercanos a su casa y evitar ciertos horarios. Miguel Bracamontes, en cambio, recuerda cuando los niños podían salir a jugar o ir a la tienda con libertad. Actualmente, aunque sus hijos tienen 13 y 14 años, prefiere no dejarlos ir solos.

Estas experiencias contrastan con las cifras generales de Zapopan. Así lo muestran los resultados de la Encuesta Nacional de Seguridad Pública Urbana (ENSU) del INEGI. Los datos, publicados en octubre de 2026, corresponden al tercer trimestre del año. En ellos, el 57.2 % de la población adulta consideró inseguro vivir en el municipio. Aunque Zapopan registró una percepción de inseguridad menor que Guadalajara, el dato refleja que más de la mitad de sus habitantes encuestados mantiene una percepción de inseguridad.

Más allá de las estadísticas, la historia de Ciudad Granja refleja cómo el crecimiento urbano, los cambios en la convivencia vecinal y las experiencias con la inseguridad han transformado la vida cotidiana de sus habitantes. Este reportaje explora la evolución de la percepción de seguridad mediante testimonios de quienes han vivido en la colonia durante décadas. A pesar de las nuevas precauciones, sus residentes continúan considerando a Ciudad Granja un buen lugar para vivir.

La era del pueblo chico: cuando todos se conocían (1970–1999)

Antes de la llegada de los grandes desarrollos inmobiliarios, Ciudad Granja conservaba características de una comunidad pequeña. Las casas de amplios terrenos, las calles empedradas, las fábricas y las granjas formaban parte de un paisaje muy diferente al actual. Para quienes crecieron en la colonia, la tranquilidad no dependía únicamente de la vigilancia policial. También dependía de la confianza y la cercanía entre vecinos.

Delia Velázquez ha vivido durante 50 años en Ciudad Granja. Ella recuerda una época en la que caminar por sus calles no representaba una preocupación constante. «Podías tú caminar tranquilamente sin temor a nada porque toda la gente nos conocíamos», relata. Según su experiencia, los incidentes de inseguridad eran poco habituales. La convivencia permitía que los habitantes estuvieran al tanto de lo que ocurría en su entorno.

Cuando Miguel Bracamontes llegó en 1997, todavía encontró parte de esa tranquilidad. Recuerda que cruzar el Periférico era prácticamente salir de la ciudad. En los alrededores había terrenos poco desarrollados, fábricas e incluso espacios destinados a casas rodantes. La colonia mantenía una dinámica vecinal cercana. En ella, reconocer a los habitantes y detectar movimientos inusuales era parte de la vida cotidiana.

«No recuerdo, sinceramente, alguna problemática de inseguridad. La verdad es que muy tranquila la colonia», señala Miguel Bracamontes. Así describe sus primeros años como residente.

Esto no significaba que los delitos estuvieran completamente ausentes. Delia Velázquez recuerda que los robos a viviendas deshabitadas temporalmente representaban una preocupación, especialmente en vacaciones. Miguel Bracamontes menciona que durante la construcción de su fraccionamiento se presentaban robos ocasionales de materiales como ladrillos y varillas. Sin embargo, no recuerda que en aquellos años los residentes fueran víctimas de asaltos.

Esta percepción de tranquilidad contrasta con la perspectiva del comandante José Luis Lepe Pelayo, encargado de labores de seguridad en Ciudad Granja. Él reconoce que la colonia también ha enfrentado episodios graves de delincuencia. «Hace algunos años se tenían problemas muy serios por problemas de homicidios, problemas de muchos robos», afirma el comandante. Asimismo, asegura que actualmente estos problemas se han venido controlando.

Las declaraciones reflejan dos perspectivas sobre el pasado de Ciudad Granja. Por una parte está la memoria de quienes recuerdan una comunidad marcada por la confianza vecinal. Por otra está la visión de una autoridad que reconoce antecedentes de delitos graves. Ambas permiten comprender que la historia de la seguridad en la colonia ha sido más compleja que la tranquilidad que algunos de sus habitantes recuerdan.

Del empedrado a los edificios: la transformación de Ciudad Granja (2000–2026)

La tranquilidad que Miguel Bracamontes y Delia Velázquez recuerdan comenzó a convivir con una transformación urbana. Los grandes terrenos que albergaron casas, fábricas y antiguas granjas dieron paso a nuevos desarrollos habitacionales. Surgieron edificios de departamentos, cotos privados y establecimientos comerciales. Ciudad Granja pasó de ser una colonia considerada alejada a integrarse cada vez más a la dinámica del Área Metropolitana.

Esta transformación se refleja en las construcciones que continúan apareciendo en la zona. De acuerdo con una investigación de NTR Guadalajara, publicada el 20 de marzo de 2026, los vecinos contabilizaron al menos 26 proyectos verticales. Se trata de proyectos en construcción o recientemente terminados, algunos de hasta 16 niveles o más. Este recuento vecinal muestra la magnitud de la actividad inmobiliaria reciente. Sin embargo, no constituye un registro oficial del total de edificios de la colonia.

El comandante José Luis Lepe Pelayo reconoce que este crecimiento representa nuevos desafíos para la seguridad. «Es un reto muy grande por la densidad poblacional», afirma. Según explica, la expansión de condominios y comercios incrementó el movimiento de personas. Esto aumentó las exigencias de vigilancia en una colonia que continúa transformándose.

A este desafío se suma la diversidad social y económica de Ciudad Granja. Lepe Pelayo señala que conviven sectores que aún enfrentan marginación con condominios de alto nivel adquisitivo. «Tenemos zonas muy marginadas todavía, tenemos condominios muy lujosos, entonces es muy variado», explica. Desde su perspectiva, estas diferencias representan una mayor exigencia para las labores policiales. Esto se debe a las distintas características y necesidades de cada sector.

Para Miguel Bracamontes, residente desde 1997, la transformación urbana también ha representado beneficios. Terrenos antes industriales o poco aprovechados se convirtieron en plazas comerciales y desarrollos de usos mixtos. Según su experiencia, esto incrementó el atractivo de la colonia y facilitó el acceso a servicios. Miguel considera que hoy es posible encontrar gran parte de lo necesario a pocos minutos de casa.

Sin embargo, no todos los cambios son vistos de la misma manera. Delia Velázquez ha vivido en la colonia durante cinco décadas. Ella observa con preocupación el crecimiento de los edificios y sus posibles consecuencias en los servicios públicos. Recuerda que antes la recolección de basura era frecuente y el suministro de agua no solía fallar. Actualmente, señala que estos servicios presentan deficiencias.

Sus preocupaciones coinciden con un conflicto que alcanzó las calles en marzo de 2026. El día 5 de ese mes, habitantes de Ciudad Granja se manifestaron en avenida Vallarta tras diez días sin agua. Algunos vecinos relacionaron esta problemática con el crecimiento de los edificios. Sin embargo, dicha relación requiere estudios técnicos para establecer sus causas.

El Gobierno de Zapopan también ha realizado inversiones en la infraestructura de la colonia. En septiembre de 2026 inauguró la renovación de Calzada de las Palmas. La obra tuvo una inversión municipal de 53.2 millones de pesos sobre unos 24 mil metros cuadrados. Los trabajos incluyeron mejoras en vialidades, banquetas, alumbrado público, agua potable y alcantarillado.

La transformación de Ciudad Granja presenta así dos caras. Por un lado, hay mayor oferta comercial, nuevas viviendas y mejoras en parte de su infraestructura. Por otro lado, los habitantes expresan preocupación sobre los servicios públicos, la convivencia y la seguridad. Como señala el comandante Lepe Pelayo, el crecimiento incrementó las exigencias para las autoridades. Aunque la expansión inmobiliaria no demuestra por sí misma un aumento delictivo, sí ha modificado las condiciones cotidianas de sus habitantes.

La paradoja de la seguridad: entre los números y las experiencias

La percepción de inseguridad en Zapopan presentó variaciones importantes durante 2026. Según la Encuesta Nacional de Seguridad Pública Urbana (ENSU) del INEGI, en marzo el 70.8 % de la población adulta consideraba inseguro vivir en el municipio. Para junio, el porcentaje descendió al 54.1 %. En septiembre, volvió a aumentar hasta alcanzar el 57.2 %. Estas cifras corresponden a todo Zapopan. Por ello, no reflejan exclusivamente la situación de Ciudad Granja.

En la colonia, el comandante José Luis Lepe Pelayo encabeza las labores de seguridad. Él identifica el robo de vehículos y autopartes como los principales delitos que enfrenta Ciudad Granja. Según su experiencia, los robos a transeúntes ocurren con menor frecuencia.

«Hoy en día, eventualmente, los delitos principales que se tienen son el robo de vehículos, robo de autopartes, eventualmente algún robo a transeúnte, a persona», explica el mando policial.

El comandante Lepe Pelayo señala que el robo de vehículos afecta a distintas zonas del Área Metropolitana de Guadalajara. Ciudad Granja no está exenta de este problema. Como ejemplo, menciona meses con dos o tres robos de vehículos en la colonia. En otros periodos no existen reportes de este delito. Asegura que la Comisaría de Zapopan implementó operativos preventivos. Asimismo, han realizado detenciones relacionadas con el robo de vehículos y autopartes.

A pesar de estos problemas, el comandante sostiene que la seguridad ha mejorado en la colonia. «Hoy en día se ha venido controlando muy a pesar del crecimiento que ha tenido la colonia como tal», afirma. Desde su perspectiva, las estrategias policiales han contenido los delitos frente a la expansión urbana. Esta valoración contrasta con la de residentes que recuerdan una mayor tranquilidad en el pasado.

Otro desafío que reconoce Lepe Pelayo es la falta de denuncias. «Lo que sí se denuncia, se le da un seguimiento y sí hace falta, mucha falta la cultura de la denuncia», señala. Explica que la policía a veces recibe información sobre delitos por comentarios de terceros. Sin embargo, no siempre logran localizar a los afectados para dar seguimiento a los hechos. Esto dificulta conocer la dimensión real de los delitos no reportados.

La percepción ciudadana también se relaciona con los espacios cotidianos. Así lo muestra el análisis de la ENSU de marzo de 2026 del Instituto de Información Estadística y Geográfica de Jalisco (IIEG). El 76.4 % de los adultos de Zapopan manifestó sentirse inseguro en las calles que usa habitualmente. Asimismo, el 73.7 % expresó esa misma percepción en cajeros automáticos en la vía pública.

A esto se suma la información que circula entre los habitantes. Para el comandante, las noticias de delitos en redes sociales aumentan la preocupación si no se contrastan oficialmente. Él considera que la comunicación directa entre ciudadanos y autoridades es fundamental. Esta interpretación corresponde a la perspectiva policial. Esa postura no significa que las preocupaciones de los vecinos carezcan de fundamento.

La inseguridad también influye en los hábitos cotidianos. En el primer trimestre de 2026, el 46.8 % de los adultos de Zapopan modificó sus hábitos. Dejaron de caminar de noche cerca de su vivienda por temor a la delincuencia. En Ciudad Granja, esto se refleja en experiencias como la de Delia, quien sufrió el robo de su camioneta. También en la de Miguel Bracamontes, quien adoptó mayores precauciones familiares.

La diferencia entre los indicadores y las experiencias es fundamental. La ENSU mide cómo perciben la inseguridad los habitantes de Zapopan. En tanto, las declaraciones del comandante muestran los delitos identificados por la corporación en Ciudad Granja. Sin embargo, para medir la evolución delictiva real se requieren registros históricos específicos de la colonia.

Ciudad Granja presenta una realidad compleja entre la evaluación oficial y las preocupaciones de sus habitantes. La policía sostiene que los problemas delictivos se han venido controlando. Pese a ello, algunos vecinos continúan modificando sus actividades por temor a la inseguridad. Esta diferencia muestra que reducir los delitos y recuperar la confianza ciudadana son desafíos distintos. Son retos relacionados, pero no necesariamente equivalentes.

Vigilancia policial frente a autoprotección vecinal

La vigilancia policial en Ciudad Granja combina patrullajes permanentes, unidades de apoyo y comunicación directa con los habitantes. El comandante José Luis Lepe Pelayo está encargado de las labores de seguridad en la colonia. Él señala que actualmente disponen de una patrulla asignada las 24 horas del día. Además, cuentan con refuerzos en motocicleta y otras unidades en determinados horarios. Estos apoyos ingresan según las necesidades identificadas por la corporación.

«Son una unidad, una patrulla, una tripulación, 24 horas. Todo el tiempo está ahí e ingresan unidades de sobrevigilancia», explica el comandante. Él señala que los recorridos se refuerzan cuando los reportes delictivos indican mayor necesidad de vigilancia.

Esta estrategia contrasta con las distintas percepciones de los vecinos. Miguel Bracamontes asegura haber observado un incremento de patrullajes en los últimos años. En cambio, Delia Velázquez recuerda que anteriormente existía una patrulla fija en la delegación. Ante estas diferencias, el comandante Lepe Pelayo explica que una unidad fija limitaría la capacidad preventiva. Para él, resulta más funcional que las patrullas permanezcan en movimiento por diferentes sectores.

Uno de los principales cambios ha sido la incorporación de canales de comunicación directa. La Comisaría mantiene grupos de WhatsApp con habitantes y comerciantes de Ciudad Granja. A través de ellos reciben reportes y solicitudes de vigilancia. Según el comandante, esto permite reducir los tiempos de atención y acercar la policía a la comunidad.

«Cuando se hace el llamado a las líneas directas de Comisaría de Zapopan, al WhatsApp de la colonia, porque es exclusivo de la colonia, el tiempo máximo de atención son cinco minutos», asegura. El comandante atribuye esta rapidez a la comunicación directa entre vecinos y unidades policiales. Sin embargo, se trata de un tiempo reportado por la autoridad y no de una medición independiente.

La rapidez de respuesta también enfrenta obstáculos en la infraestructura de Ciudad Granja. El comandante reconoce que el deterioro del pavimento en algunas calles puede retrasar el desplazamiento de patrullas. Las condiciones del terreno representan una dificultad para los recorridos policiales. Esto demuestra que la seguridad no depende solo de vehículos y elementos, sino del estado de las vialidades.

La colaboración ciudadana también ha permitido identificar espacios que requieren mayor atención. Lepe menciona el puente peatonal en la zona de Pirules y avenida Vallarta. Los habitantes señalaron este punto por falta de iluminación, vegetación abundante y poco tránsito peatonal. Ahí se han realizado intervenciones de vigilancia que permitieron efectuar detenciones.

Además de los patrullajes, el comandante destaca la coordinación con la asociación vecinal y dependencias municipales. Buscan atender problemas de alumbrado público y vegetación que obstruye las luminarias. A través del área de Cercanía Ciudadana canalizan reportes para facilitar la atención de estos casos. Tales situaciones son consideradas factores de riesgo para la seguridad.

Las medidas de prevención también incluyen recursos instalados por los propios habitantes. El comandante considera que las cámaras de vigilancia vecinales funcionan como herramientas disuasivas. Además, pueden aportar información útil para las investigaciones cuando ocurre algún delito. La corporación mantiene coordinación con la Fiscalía del Estado para dar seguimiento a estos casos.

Pese a estas estrategias, el comandante reconoce que existen desafíos para fortalecer la relación con la comunidad. «Considero que hace falta más trabajo de proximidad», afirma Lepe Pelayo. Él señala la importancia de que más habitantes conozcan y participen en los mecanismos de prevención.

La seguridad en Ciudad Granja se construye mediante la combinación de vigilancia policial, tecnología y participación vecinal. El alcance de estas estrategias no depende únicamente de su implementación. También depende de sus resultados y de la confianza generada entre quienes habitan la colonia.

Más allá de las patrullas: los retos de seguridad en Ciudad Granja

A pesar de las transformaciones de Ciudad Granja, el sentido de pertenencia permanece entre sus habitantes. Ellos han construido su vida en sus calles. Para Miguel Bracamontes, residente desde 1997, la colonia continúa siendo un lugar atractivo. Valora su ubicación, sus servicios y la cercanía de los comercios. «Yo vivo a gusto, nosotros estamos muy contentos», afirma. Está convencido de que difícilmente elegiría otro lugar para establecerse en Guadalajara.

Delia Velázquez ha pasado sus 50 años de vida en Ciudad Granja. Ella mantiene un fuerte vínculo con la colonia. Sin embargo, reconoce que quisiera recuperar aspectos del pasado. Cuando se le pregunta qué es lo que más extraña, su respuesta es breve: «La seguridad y la tranquilidad».

Desde la perspectiva institucional, el comandante José Luis Lepe Pelayo analiza la situación. Él reconoce que la desconfianza vecinal hacia las autoridades dificulta mejorar la seguridad. «El reto principal es la resistencia que puede existir entre la ciudadanía y la autoridad», señala. Considera que la colaboración vecinal resulta indispensable para identificar y atender los problemas.

El comandante explica que las estrategias de vigilancia se basan en estadísticas y reportes ciudadanos. Por ello, la participación vecinal permite detectar situaciones que no siempre llegan a la policía. Sin embargo, la falta de comunicación dificulta conocer las necesidades de determinados sectores. Esto complica el establecimiento de medidas de prevención adecuadas.

Para enfrentar este desafío, la Comisaría realiza reuniones periódicas con habitantes. Cuando no es posible convocar a toda la comunidad, buscan acercarse directamente a ellos. Esta comunicación permite involucrar a otras dependencias municipales. Esto aplica cuando los problemas van más allá de la vigilancia policial. Se atienden así condiciones del espacio público o conflictos vecinales.

«Creo yo que si seguimos ese camino, Ciudad Granja estará siendo una de las colonias totalmente libres de incidencias delictivas», afirma el comandante. Él reconoce que alcanzar ese objetivo representa un trabajo amplio. Requiere una sólida coordinación entre ciudadanía y autoridades.

El futuro de Ciudad Granja plantea un desafío más allá del crecimiento inmobiliario o del patrullaje. Los habitantes buscan conservar la tranquilidad que recuerdan. Por su parte, las autoridades deben fortalecer la confianza y lograr una participación comunitaria activa. Tras décadas de transformación, la colonia continúa siendo el hogar que muchos eligen. Sin embargo, su seguridad dependerá de la relación que construyan vecinos e instituciones. Esa relación debe responder a las necesidades de una comunidad en constante cambio.

Deja un Comentario

¡Por favor escribe tu comentario!
Por favor escribe tu nombre aquí