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Óscar 2026: El cine se siente más humano

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El cine siempre ha sido un reflejo de lo que somos, de lo que sentimos y de lo que vivimos. No es casualidad que sea una de las formas de arte más importantes. Esta idea quedó especialmente clara durante la más reciente temporada de premios.

Antes, durante y después de la gala hubo un elemento constante: la presencia de una nueva generación. Se reflejó en la conversación, en el interés y en la curiosidad por propuestas que se alejan de lo convencional. Historias extrañas, dolorosas e incluso difíciles de ver, pero totalmente atrapantes. Al final, no hablan de algo lejano, sino de realidades cercanas: lo que ocurre en casa, en la escuela, en otros países o en el mundo en general.

Películas como One Battle After Another o Sentimental Value no buscan simplemente entretener. Son obras que permanecen, que invitan a observar el entorno con mayor atención. Al mismo tiempo, el cine conserva su papel como espacio de escape. Ahí entran títulos comEo Sinners y F1: historias ficticias que recuerdan que también hay lugar para la emoción, el juego y el disfrute. Por otro lado, propuestas como Hamnet, Frankenstein o Bugonia exploran ritmos y estilos distintos. Son más introspectivas, más singulares y personales. No buscan impactar de inmediato, sino dejar una huella gradual.

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Jessie Buckley recibe el Oscar a mejor actriz protagonista por su papel en ‘Hamnet’ / PATRICK T. FALLON / AFP

Al reunir todas estas propuestas, queda claro que este año no hubo una sola forma de hacer cine. Sin embargo, esto no se sintió confuso ni abrupto. Más bien, parece una transición, una nueva manera de contar historias, de decidir cuáles merecen ser vistas y de cómo se construye la relación con ellas.

Esta temporada de premios no solo habló de cine, sino también de la manera en que se procesan las experiencias actuales y de lo que se busca al sentarse frente a una pantalla. Aun en medio de la complejidad del presente, todo termina transformándose en trabajo, en memoria… en arte.