Tlatelolco, la masacre que sí se olvida

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2 de octubre de 1968. Participantes del mitin detenidos por militares y puestos en línea en el corredor entre la Iglesia de Santiago Tlatelolco y la antigua sede de la SRE.

Esta semana, México volvió a llorar la sangre derramada de sus jóvenes en aquel 2 de octubre de 1968 en la Plaza de las Tres Culturas, en la Ciudad de México. La consternación y la indignación estuvieron presentes y se reflejaron en el rostro de los mexicanos que acudieron a la ceremonia en el lugar del acontecimiento, y ni se diga en quienes padecieron en carne propia el atentado de aquel gobierno autoritario de Díaz Ordaz.

Todo comenzó con una riña entre estudiantes el 23 de julio de 1968. Como era de esperarse en aquellos años, el grupo antimotines de la policía capitalina, conocido como Cuerpo de Granaderos, intervino para calmar la pelea, pero esta fue brutal. Los granaderos golpearon a decenas de estudiantes y testigos de la pelea y persiguieron a los jóvenes hasta las escuelas donde buscaron refugio; a pesar de que los estudiantes buscaban esconderse, ello no fue impedimento para que la autoridad entrara y agrediera tanto a alumnos como a profesores.

El descontento social, y más del sector educativo, cobró furia entre la población por la violencia policial y se invitó a una manifestación cuatro días después, a la que acudieron los estudiantes de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) y del Instituto Politécnico Nacional (IPN). A esta marcha se sumaron miembros del Partido Comunista Mexicano, pero la iniciativa de protesta fue reprimida, al poco tiempo, por los granaderos.

29 de julio, 1968. Policía y ejército ocupan planteles de la Escuela Nacional Preparatoria y del Instituto Politécnico Nacional en el centro de la Ciudad de México. La puerta colonial de la Preparatoria 1 es destruida por un disparo de bazuca. El secretario de Defensa, Marcelino García Barragán, niega este hecho acusando a los jóvenes de causar destrozos con bombas molotov.. Imágenes expuestas en el Memorial 68 (Copia digital cortesía del Centro Cultural Universitario Tlatelolco). Fuente: verne.
29 de julio, 1968. Policía y ejército ocupan planteles de la Escuela Nacional Preparatoria y del Instituto Politécnico Nacional en el centro de la Ciudad de México. La puerta colonial de la Preparatoria 1 es destruida por un disparo de bazuca. El secretario de Defensa, Marcelino García Barragán, niega este hecho acusando a los jóvenes de causar destrozos con bombas molotov.. Imágenes expuestas en el Memorial 68 (Copia digital cortesía del Centro Cultural Universitario Tlatelolco). Fuente: verne.

Ante la represión, se decidió comenzar con un movimiento estudiantil que en pocas semanas creció exponencialmente. La UNAM, el IPN y otras universidades del país se declararon en huelga. El ejército ocupó las instalaciones de las universidades, pero no logró parar el movimiento agrupado en el Consejo Nacional de Huelga (CNH).

El 2 de octubre se convocó de nuevo a una marcha con dirección en la Plaza de las Tres Culturas. Al estar ya reunidos los estudiantes, se decidió cancelar la protesta para evitar enfrentamientos, pero, sin darse cuenta los organizadores, el ejército ya había rodeado el área y, en un abrir y cerrar de ojos, una balacera había comenzado.

Horas después de la matanza, la Presidencia, en manos de Gustavo Díaz Ordaz, dio una cifra que se hizo pública a la prensa mexicana y a la extranjera: 26 muertos, mil 43 personas detenidas y 100 heridos. Pero, según escritores e investigadores, como Octavio Paz en su libro Posdata, aseguran que hubo aproximadamente 325 muertos. Así lo reportó el periodista John Rodda, del The Guardian.

Comunismo y Olimpiadas

Desde los años 50 el país registraba una serie de movimientos de médicos, electricistas, campesinos y estudiantes que se habían disipado con fuerzas policiales y, al parecer, el efecto de la represión pasó de ser el miedo a la firme oposición contra la represión y el régimen. Por lo tanto, la fuerte reacción del gobierno de Díaz Ordaz respondió a un intento de parar de seco la crisis social que comenzaba a colapsar el sistema político mexicano.

12 de octubre DE 1968. Se inauguran los XIX Juegos Olímpicos en el estadio de Ciudad Universitaria. Durante 15 días se realizan las competencias en varios puntos de la ciudad de México. El inminente inició de este evento internacional fue una de las excusas del gobierno para la acción represiva contra los estudiantes.. Imágenes expuestas en el Memorial 68 (Copia digital cortesía del Centro Cultural Universitario Tlatelolco).
12 de octubre DE 1968. Se inauguran los XIX Juegos Olímpicos en el estadio de Ciudad Universitaria. Durante 15 días se realizan las competencias en varios puntos de la ciudad de México. El inminente inició de este evento internacional fue una de las excusas del gobierno para la acción represiva contra los estudiantes. Imágenes expuestas en el Memorial 68 (Copia digital cortesía del Centro Cultural Universitario Tlatelolco) Fuente: verne.

A lo anterior, uno de los fundadores del CNH, Gilberto Guevara Niebla, explica en una entrevista a la BBC Mundo que “el movimiento del 68 no se comprendería si no se considera que en esa época existía un régimen autoritario y represivo”.

En ocasiones se suele pensar que lo que se vivía en México era un movimiento aislado, pero el mundo compartía estos cambios de igual forma: la sociedad tomaba las calles para reclamar cambios, ya sea de gobierno o sistema; como ejemplo encontramos a Francia y a Estados Unidos. Es preciso mencionar que el clima internacional se encontraba cobijado por la guerra fría, en la que el comunismo -en contra del capitalismo- invitaba al pueblo a levantarse y formar parte de las decisiones. Fruto de ello se dieron las manifestaciones y movimientos sociales.

La diferencia de México con los demás países es que este primero era el anfitrión de los XIX Juegos Olímpicos, que comenzaban el 12 de octubre, es decir, 10 días después de la marcha en la Plaza de las Tres Culturas. Lo que sucedió fue que los medios internacionales comenzaron a dar cobertura a los movimientos estudiantiles y, por lo tanto, una mala imagen de la nación hacia el exterior. Todo esto forzó al presidente, que, a la vez, se veía presionado por el tiempo y porque Estados Unidos le pedía parar el “movimiento comunista”. Acorralado, el presidente optó por hacer uso de la fuerza contra los estudiantes.

“Lo que se quería era destruir de un solo golpe el movimiento estudiantil para dar paso a las Olimpiadas. La represión tuvo lugar diez días antes de que empezaran, estaban obligados a sofocar las protestas, pero lo hicieron de una manera brutal”, comenta el fundador del CNH.

El después…

Ya han transcurrido 5o años y, como menciona la periodista Elena Poniatowska, una de la voces referencia del movimiento estudiantil del 68, “hay cosas que no se saben todavía de la matanza de Tlatelolco”. Se le pregunta constantemente si la situación de los jóvenes ha mejorado después de la catástrofe, pero ella se limita a contestar que “es una verdad que ser joven en México no es ningún privilegio”.

Marcha por los 43 normalistas desaparecidos. Fuente: Contacto Hoy.
Marcha por los 43 normalistas desaparecidos. Fuente: Contacto Hoy.

El país, a pesar de no ser aquel autoritario de hace medio siglo, cuenta con características que indignan y manchan la democracia y libertad nacional. La impunidad hacia delitos de lesa humanidad sigue vigente en el estado mexicano. Un caso es el de los 43 estudiantes desaparecidos de Ayotzinapa, Guerrero hace poco más de cuatro años -de esos jóvenes, como en el caso de Tlatelolco, tampoco se tiene rastro ni conclusión al respecto-. Pero estos dos no son los únicos casos. Junto a otros muchos, constituyen la razón por la que el martes los diputados y a los senadores colocaron, cada uno en su respectiva cámara legislativa y de manera simultánea, la leyenda “Al Movimiento Estudiantil de 1968”, al mismo tiempo que coreaban “¡Dos de octubre no se olvida!” y “¡Justicia!”.

En realidad, el 2 de octubre sí se olvida en el gobierno, y solo se recuerda cada año con la parafernalia política en la que se vende un estado más justo, con una democracia más fortalecida. Pero lo cierto es que, como menciona Poniatowska, hay cosas sin resolver, y una de ellas es la masacre de Tlatelolco.

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