Predicciones fallidas: un futuro incierto para México

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Contra todo pronóstico de los resultados en las encuestas, Donald Trump ha ganado las elecciones presidenciales. El pánico no ha tardado en expandirse tanto en los mercados como entre la población. Los medios predecían la victoria de Hillary Clinton a toda costa, pero pasó lo contrario inesperadamente. Un día antes de las elecciones La Jornada publicaba un artículo en el que aseguraba que la presidencia de los Estados Unidos de América quedaría en manos de los demócratas. Curiosamente no fue así.

Se puede hacer una comparación con con otros casos similares, hablando de predicciones y pronósticos. Primero el efecto Brexit: todo indicaba hacia los espectadores que iba a ganar el voto en contra de esta gran decisión para Gran Bretaña; al final, todo cambió. De la misma manera, con el tema de la paz en Colombia, parecía que se iban a firmar los tratados de paz; al final, no resultó así. Éste es el caso de las elecciones presidenciales de Estados Unidos, que se desarrolló de una forma muy parecida. Es decir, se podría afirmar que las encuestas estuvieron manipuladas y/o a la población y los simpatizantes de ambos partidos realmente no les importan ni las encuestas ni la política. O simplemente que los norteamericanos están cansados del sistema neoliberal.

Es evidente que lo que realmente desea la población norteamericana es un reboot del sistema a fondo y por lo tanto han votado por quien fue necesario, a pesar de los problemas que traería como consecuencia para muchos segundos y terceros.

En México, medios de comunicación como SinEmbargo opinan que la victoria de Trump es el resultado del odio institucionalizado en los Estados Unidos; refleja la ira de la población blanca y conservadora hacia la inmigración  latinoamericana. Este hecho es preocupante para México, ya que más de la mitad de los 12 millones de mexicanos viviendo en Estados Unidos son indocumentados y, por ende,  vulnerables ante las promesas del republicano.

Pero las consecuencias para nuestro país van más allá del regreso de millones de personas, para la cuales el mercado laboral no está listo, ni mucho menos la infraestructura mexicana. Diferentes cuestiones pueden ser planteadas: ¿Se podría revivir la crisis del peso del 1994? ¿El triunfo de Donald Trump terminará con el Tratado de Libre Comercio de América del Norte? Se debe tomar en cuenta y recordar que la realidad se construye de percepciones.

Agustín Carstens, gobernador de la Banca de México, anunció hace dos semanas la posibilidad de un huracán comercial que,  ahora más que nunca, puede ser una  realidad, pues el 80% de la exportaciones mexicanas van destinadas a los EE.UU. y, por otro lado, seis millones de empleos están en juego entre una frontera y otra. Según algunos economistas, el peso podría devaluarse hasta un 25%.

Otro de los efectos de este resultado es que el establishment de Wall Street va a llegar a su fin, ya que después de la gran crisis del 2008 no se reguló y Trump ha declarado que se va a dedicar a investigar ese tema y sacará toda la información necesaria.

Los cambios en la política tradicional, en los beneficios y concesiones por parte del gobierno son inminentes y la manera en la que vemos a nuestro vecino cambiará radicalmente.

Desde luego, hay un gran trecho entre las amenazas de un candidato y las posibilidades reales de un presidente, considerando todos los contrapesos que existen en la sociedad norteamericana.

No obstante, a pesar de la ola negativa y el peligro que se percibe para México en un futuro próximo, mensajes positivos salen de estas elecciones. Es poco claro lo que depara este tema para la nación mexicana, pero debemos, como diría San Josemaría, “ahogar el mal en abundancia de bien” y sacar lo positivo de todo. Un cambio radical en el establishment puede hacer que México no dependa tanto de Estados Unidos. Podría ser un peligro los primeros años, sí, pero nuestro país tiene la capacidad para defenderse. México tiene aliados en ese país y, con todo y situaciones adversas como esta, existe la esperanza de que podrá gestionar la posibilidad de vivir bajo una crisis.

México siempre ha vivido bajo la sombra de su gran vecino del norte y, quizá, este es el tiempo de voltear hacia abajo y crear alianzas con sus hermanos latinoamericanos del sur.

Por: Théo Cazedebat, Leticia Haros, Tatiana López, Aurora Ramírez, Santiago Muñoz Castillo y Ana Isabel Torres

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