Los alcaldes y su reto de cohesionar Guadalajara

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Recientemente, después de once meses de un proceso de restauración, el Presidente Municipal de Guadalajara, Enrique Alfaro, develó la estatua de la Minerva. La obra tuvo un costo de 8 millones de pesos. Esto fue parte del presupuesto con el que cuenta el Ayuntamiento pero que, desde hace años, se utiliza mayoritariamente en la Guadalajara moderna,  y poco de ello para levantar la otra Guadalajara. 

La otra Guadalajara, el nombre que muchos dan a aquella parte de la ciudad que abarca aproximadamente desde La Calzada Independencia hasta Tetlán; la mitad que, siendo parte de la Zona Metropolitana de Guadalajara (ZMG), es un lugar sucio, solitario, lúgubre y descuidado. En un recorrido nocturno, la poca luz que hay proviene de los clubes nocturnos o negocios locales. Es un lugar inseguro, donde se encuentra más explotado el mercado de la prostitución, la trata de mujeres, incluso la infantil.

Es una parte de la ciudad por la que no se puede caminar o pasear sin tener precaución. Se le puede llamar la Guadalajara olvidada, pues desde hace varias administraciones se ha descuidado poco a poco, dejándola como cosa olvidada sin meterle mano de obra a su infraestructura y servicios públicos.

No hace falta entrar en un estudio profundo de la clase social que ahí habita; la mayoría de las fachadas, ya sea de casa habitación, negocios, parques y escuelas, carecen de infraestructura decente y digna. Es todo lo contrario a lo que se podría llamar la Guadalajara moderna, esa parte de la ciudad que abarca inversamente desde La Calzada hasta la glorieta de La Minerva.

En la década de los años 60 y algunos posteriores, la escultura de la diosa griega –cuando fue inaugurada- era considerada como uno de los puntos más lejanos de la ciudad, de hecho era la entrada a Guadalajara.

Hoy los roles se han invertido, pues las mitades cambiaron sin ser algo planeado. La Guadalajara moderna empezó a florecer debido a que, al mismo tiempo, su vecino Zapopan crecía considerablemente. Es así como la original Guadalajara pasó a ser la mitad olvidada, mientras que la que antes era la lejana y la entrada a la ciudad pasó a ser la más importante.

Después de su primer año en gestión, Enrique Alfaro rindió su primer informe como jefe del municipio. El alcalde reiteró en varias ocasiones las denuncias a sus predecesores por el presunto mal uso y daño a los fondos públicos, por lo que pidió la intervención del gobernador del estado para que estas denuncias prosperaran.

El edil enfatizó que, cuando recibió la administración en octubre de 2015, fue consciente de que se encontraba “en la peor crisis financiera, política y social de su historia”. De este modo justificó las medidas evidentemente urgentes de austeridad y ahorro para sanear las finanzas municipales.

Los hechos hablan y la realidad es que los encargados de lograr los cambios en las calles, independientemente del presupuesto, han quedado en deuda con la otra Guadalajara. Alfaro es responsable de cómo organiza y administra al personal que se encarga de trabajar en cada una de las áreas de la ciudad pero, ¿qué hace falta para que el alcalde en gestión deje en herencia a su sucesor una ciudad cohesionada y no dividida?

A pesar de que algunas obras se han desarrollado –o están en proceso- en la otra Guadalajara, su aspecto, vialidad, funcionamiento, calidad, servicios públicos, seguridad, atracción y reputación, siguen quedando en el olvido administración tras administración. A pesar del trabajo que ha hecho Enrique Alfaro, no ha podido romper esta maldición.

Mientras se ve que calles como López Cotilla, Vallarta, la glorieta de la Minerva, zonas aledañas al Centro de la ciudad, son arregladas casi año tras año, habitantes de la otra Guadalajara no se rinden y piden al Presidente Municipal que sus colonias sean atendidas primero por el grado de urgencia, pues hay zonas que, por ejemplo, carecen totalmente de alumbrado público.

Enrique Alfaro ha tomado el peso del encargo sobre sus hombros con el compromiso de transformar la ciudad y hasta de “cambiar la historia de Guadalajara” para que se convierta en un ejemplo de cómo se deben hacer las cosas. La realidad es que a ningún alcalde hasta ahora ha podido unificar a las dos Guadalajaras.

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