Lo que se puede vivir en una mañana

In Portada, TUPlan
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Por Carlos García Becerra

Hace ya dos domingos hice algo que no había hecho en años y no, no estoy hablando de la carrera: me levanté temprano. Esa mañana viviría una experiencia increíble acompañado de mis buenos amigos. Después de alistarme subí a mi carro y, en el momento en que llegué y me bajé para comenzar a prepararme para el evento de ese día, fui recibido con una gran sonrisa de parte de todos. Esto emocionó aún más de lo que ya estaba, era toda una comunidad reunida para un gran evento. 

Poco a poco se fue reuniendo más gente, todos comenzando a calentar. Yo en lo personal estaba más preocupado por preparar la mente, ya que sabía que mi cuerpo sí podía correr esa distancia, pero no mi mente. Cuanto más se acercaba el momento de iniciar, me sentía más nervioso. Tenía la meta de terminar en menos de treinta y tres minutos, ya que un profesor nos lo había propuesto, pero en mi entrenamiento había corrido en cuarenta y cinco minutos. Debía hacer un gran esfuerzo.

En cuanto empezamos a correr, comencé a emocionarme mucho y, sin darme cuenta, mi velocidad era más rápida de lo que acostumbro. Me sentía muy bien hasta el momento en el que vi el letrero del primer kilómetro; para ese momento yo ya estaba muerto de cansancio. Entonces revisé mi tiempo y noté que había terminado esa distancia en cinco minutos, cuando usualmente la termino en un poco más de seis minutos. En ese momento bajé mi velocidad y seguí tratando de no pensar en ello. 

Mientras continuaba corriendo, no logré distraer mi mente y, tan pronto como pude pasar la marca de dos kilómetros, me vi obligado a detenerme y caminar. Durante los siguientes dos kilómetros estuve intentando volver a obtener mi ritmo, pero ya mi propia conciencia no me dejaba. Fue así hasta el momento en el que vi que faltaba solo un kilómetro. Entonces logré recuperar la emoción y comencé a correr aún con la esperanza de cumplir mi objetivo. 

Cuando vi la meta no solo sentí una gran felicidad, sino también un gran alivio. Crucé y fui recibido con muchas palabras de ánimo de parte de los ayudantes y mis amigos; palabras que me hicieron sentir muy orgulloso. Al poco tiempo publicaron los resultados: terminé con un tiempo de treinta y seis minutos. Aunque no haya cumplido mi meta, me alegré mucho de haber reducido mi tiempo casi diez minutos. Para mí es ese un gran logro.

Al concluir el evento y despedirme de todos, regresé a mi casa, donde también me recibió mi familia con gran alegría. Después de haber platicado con ellos, decidí tomar una ducha y volver a la cama. Antes de acostarme vi la hora y me di cuenta de que apenas eran las once; no lo podía creer, en cualquier domingo normal a las once aún no me he levantado, pero ese domingo ya estaba listo para terminar el día. Quedé sorprendido al descubrir todo lo que se podía hacer antes de las once.

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