Las poéticas Ocho Cascadas de La Manzanilla

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A tan sólo dos horas de la capital jalisciense, se encuentra uno de los lugares más maravillosos de nuestra región: Las Ocho Cascadas. Afortunadamente, Google Maps ha llegado, y encontrar algunas -no todas- de las joyas al aire libre de México Occidental es ahora mucho más fácil de lo que solía ser. El barro, sin embargo, es tan pegajoso hoy como lo fue en 1882, cuando se fundó La Manzanilla de la Paz. Por lo tanto, siga leyendo sólo si tiene un vehículo grande y de gran altura; o recorte este artículo y espere a visitar las Ocho Cascadas en la estación seca, cuando las carreteras están en condiciones de ser transitadas por cualquier tipo de automóvil.

¿Estás listo para ir? Observa que en Jalisco hay dos pueblos llamados La Manzanilla. Éste, en las montañas, se puede distinguir del otro, en la costa, usando su nombre completo: La Manzanilla de La Paz; un buen nombre si tenemos en cuenta que este pueblito es tranquilo y bonito.

Google Maps debe llevarte hasta la Manzanilla, pero, incluso si tu smartphone pierde la señal, los comerciantes locales han puesto docenas de carteles con un símbolo de pino con la palabra “Cascadas”, para guiarte en tu camino.

Por lo tanto, si consigues pasar a través del barro, pronto te estarás estacionando junto a la cascada número uno. A pocos pasos de allí, junto a la cascada número dos, se encuentra un edificio de dos plantas con un gran restaurante-bar en la planta baja. Es ahí donde encontrarás a la amable Carmen Díaz de Espinoza, que hace el mejor ponche de capulín en todas las montañas de México. Si eres el conductor, sin embargo, será mejor que la lleves tranquilo, porque el ponche de Carmen es un verdadero golpe de alcohol.

En mi reciente visita, me sorprendí al saber que Doña Carmen es la madre de dos destacados músicos que han recorrido el mundo cantando canciones mexicanas y tocando música de Mariachi -y ella tiene los recortes y carteles para demostrarlo-.

No está de más mencionar que el encanto de este extraordinario lugar inspiró a una poetisa de nombre Adela Sánchez a escribir un poema sobre estas cascadas:

Mantos de agua cristalina

Que bajan de las montañas

Bajan formando cascadas

y bañando las colinas

Para empapar esa tierra

Que de Dios fue bendecida.

En el segundo piso del edificio principal hay habitaciones para alquilar y un gran balcón donde se puede colocar una carpa para protegerse del sol o la lluvia y con magníficas vistas del río. Más allá del edificio hay dos caminos: uno que sigue al río hasta la octava y última caída -una gran caída que nadie ha medido- y el otro al mirador que ofrece una gran vista de la última cascada y el vasto valle por debajo.

La familia Espinoza ha construido un muro en la base de una de las cascadas, creando una gran piscina cuya agua no parece gozar de demasiada limpieza.

Este lugar está abierto todo el día, todos los días, así que, si estás interesado en la aventura y belleza, visita Ocho Cascadas y no te olvides de probar el delicioso ponche de Doña Carmen.

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