La Imagen Paterna en 100 Películas

In No tan reciente, Perfiles culturales
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Texto de Rafael Hurtado, PhD.

 

Ser padre (y madre) de familia con hijos es un tema delicado cuyo estudio va ganando terreno en el mundo académico, la prensa y, claro está, en el cine.[1] La sociedad actual fue en parte modelada por las novedades que trajo consigo La Revolución Industrial y más recientemente la Revolución Sexual.

Nuestra capacidad de percibir la grandeza de la imagen tradicional del varón-padre ha perdido fuerza, pues desde hace un par de siglos éste se entendió a sí mismo como aquel ser cuasi-mítico, trabajador incansable, que no sabe hacer otra cosa más que interesase por lo suyo.

Estamos hablando de ese gran señor que vive para suscitar el trabajo (a veces en él mismo, a veces en otros), proveer para su esposa, prole y sirvientes, siempre buscando cualquier oportunidad para darse sus “momentos” de ocio,[2] acompañados de grandes cantidades de tabaco, alcohol y en algunos casos otras mujeres (sin generalizar). Vivía su vida con tintes severos de esquizofrenia en su modo de actuar, siempre haciendo suyos tres principios que desde la sabiduría popular constituyen los pilares de una vida masculina con aspiraciones al éxito:

1) dejar los sentimientos en casa

2) tener un estómago de acero

3) tener una gran capacidad de conciliar el sueño… muy al estilo Don Draper (Mad Men, 2007).

Solo así el varón ha podido enfrentar con gallardía los retos que plantean la complicada vida profesional y civil de nuestra era, las exigencias caprichosas del mercado, las necesidades imperiosas del mundo de la empresa, las guerras mundiales y sus crisis posteriores, etc.

Esta realidad contraria a las exigencias de la vida familiar la podemos comprobar de muchas maneras, sobre todo partiendo de nuestra propia experiencia y del modo en que buscamos dar sentido a nuestro crecimiento como seres humanos. Ciertamente no todo es obscuro en la nueva personalidad del varón.

Es evidente que el número de padres de familia que cuidan a sus hijos en el parque, les cocinan en casa, o incluso atienden los quehaceres domésticos con destreza suficiente va in crescendo. Sin embargo, esta novedad  tan palpable a comienzos del XXI no ha calado lo suficiente ni en el varón ni en las estructuras sociales.

El común de los varones casados se enfrenta constantemente a esas conversaciones de café en las que discuten lo poco que frecuentan a sus familias por dedicar tiempo excesivo al trabajo. Esto les duele, pero en el fondo se conforman con afirmar que la razón de su proceder no puede ser otra que la lucha incansable por generar el bienestar económico de los hijos, la consolidación de su proyecto educativo, o la proyección de sus posibilidades a largo plazo.

Racionalmente estamos convencidos de ello, no sin un germen de duda que nos pone a reflexionar al menos unos minutos antes de cerrar la jornada laboral y partir de vuelta a casa. ¿Es esto lo que implica ser padre de familia? No nos engañemos, “pocos temas tienen el carácter nuclear y la transcendencia de la paternidad. Tanto en general como en la situación presente,”[3] y para muchos la presencia del varón-padre en el hogar familiar sigue siendo una fantasía en el devenir común de sus vidas… aunque cada vez menos, como ya se ha señalado.

*          *          *

El presente estudio busca poner sobre la mesa la pregunta que un considerable grupo de científicos de muy diversas disciplinas comienzan a plantearse en sus investigaciones: ¿La presencia del padre de familia se ha de reducir a ser un simple “proveedor” material? [4] Con el riesgo de comenzar esta reflexión (que probablemente nos tomará varios años) con esas odiosas generalizaciones que pueden nublar nuestra objetividad, nos conformaros con señalar que, al menos en el cine, se puede percibir un cierto interés de grandes cineastas y productores por presentar la imagen del padre de familia como algo más que un “simple trabajador”.

Hasta el momento, no parece que las intenciones ulteriores de tan evidente fenómeno sean del todo claras o bien reflexionadas. Pero me atrevo a afirmar que el mundo de la comunicación y los medios está haciendo una fuerte campaña por convencer a los varones de su incompetencia para saber administrar sus emociones –situación que se antoja con el tiempo insostenible–, entender la sensibilidad femenina y la fragilidad de los infantes.[5] El varón tiene que cambiar, superar su individualismo, su materialismo, su pragmatismo (hermanas “feas” que acosas su sensibilidad) y finalmente “meter de vuelta en su corazón” a su esposa y a sus hijos. ¿Es posible un cambio cultural de tanto calado? Por lo pronto, el cine ha hecho suya esta batalla. Esto lo comprobaremos analizando la imagen paterna en 100 películas distintas, tomando en cuenta su actualizad, calidad cinematográfica, su mensaje, según los siguientes 7 criterios de selección:

  1. Centradas en la figura paterna de una familia natural.
  2. Muestras claras de heroicidad por parte del padre (y la madre) cara a la vida familiar.
  3. Representaciones culturales de orden religioso.
  4. Referencia a hechos reales históricos.
  5. Diversidad de géneros cinematográficos.
  6. Evitar (en lo posible) la presencia escenas sexuales explícitas, violencia, alcoholismo, drogadicción, tabaquismo.
  7. Evitar situaciones relativas a la desintegración familiar (infidelidad, divorcio, aborto).

Lo que más interesa es ver el modo en que el protagonista principal de cada drama desempeña su función de padre de familia –ya sea en acto o en potencia– interesándose por alcanzar una cierta madurez que le permita servir mejor a sus semejantes, que le incite a dar la vida por sus allegados y amigos,  siempre con vistas a construir un mundo mejor para los hijos de Dios. Esto lo veremos de modos muy diversos en la caracterización de personajes tan insólitos como George Bailey (It’s a Wonderful Life, 1946), pasando por vida complicada de James J. Braddock (Cinderella Man, 2005), incluso el drama histórico en medio de la Segunda Guerra Mundial que sufre Guido Orefice (La Vita é Bella, 1997). Al final, prometo ofrecer un listado de 100 películas sobre la paternidad que sirva como guía a las familias para ampliar sus horizontes cinematográficos, tomando en cuenta el modo en que se abordan los temas familiares, incluso en situaciones límite.[6] El proyecto es ambicioso, y nos tomará algunos años completarlo. En cualquier caso, estoy abierto a cualquier sugerencia (rhurtado@up.edu.mx).

[1] Véase Grau, Sergi, http://www.cinemanet.info/2014/08/las-relaciones-paterno-filiales-en-el-cine.

[2] Véase Martínez-Echavarría, M. (2004), Repensar el trabajo, Cap. 1.

[3] Alvira, R. (2011), “Prólogo”, en Hurtado, R. La paternidad en el pensamiento de Karol Wojtyla; p. 11.

[4] Véase Meeker, M. (2011), Padres fuertes, hijas felices, Ciudadela.

[5] Véase Calvo, M. (2011), Masculinidad robada, Almuzara.

[6] En mi opinión, seleccionar películas adecuadas para ver en pareja o en familia no se puede limitar a la clasificación habitual que juzga la presencia de escenas sexuales, situaciones familiares complicadas, violencia y corrupción, etc.

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