Jaar hechiza el Cavaret

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El pasado miércoles 29 la ciudad esperaba a uno de los genios más jóvenes de la música; los comentarios respecto a este concierto volaban por los pasillos de las universidades, en las filas de los antros, en el baño del bar Américas… El público realmente había creado una expectativa grande en espera del músico de origen chileno.

Es un hecho que Nicolás Jaar no es un artista cualquiera. Los que han escuchado su música sabrán que su característico sonido astral, compuesto de instrumentos ancestrales y sintetizadores exóticos, oscuros y funk es una combinación de notas que mágicamente logran reunir a todo un sector de la población que asiste a conciertos de este tipo con un solo objetivo: bailar toda la noche.

Al buscar al artista de 27 años en Spotify se pueden encontrar sus canciones más conocidas, las que llegaron a un nivel de popularidad considerable ya que, haciendo un análisis de la música en los mejores clubes del mundo, los dj sets que se tocan generalmente van armados con una, dos o tres de sus temas.

El especial sonido de Mi Mujer, que es base de la canción más popular de Jaar, cuenta con un millón ochocientos veintitrés mil setecientos once reproducciones. Seguramente si la escuchas sabrás cuál es; en caso de que no haya un reconocimiento instantáneo del tema, lo que pasará es que habrá una reacción eléctrica en tu cuerpo y te advierto: vas a querer bailar.

El Teatro Estudio Cavaret es el recinto que tiene el honor de albergar a este predicador de la música moderna. El público, visiblemente emocionado, llega puntual, como cuando un alumno nerd quiere sacar 10 y aparece veinte minutos antes de la clase, se va veinte después, con un solo objetivo: no perderse nada de lo que va a pasar, y ese es el ambiente que inunda el espacio.

El patio exterior es usado por las personas que llegan, la zona es ideal para fomentar la convivencia, la música del interior del recinto se escucha sutilmente en unas pequeñas bocinas para exteriores que dejan platicar a la gente perfectamente.

Botas de piel, sombreros con piezas extravagantes, paliacates, ponchos del tamaño de un humano, plumas de animales que desconozco y obras de arte tatuadas en los participantes que hacen fila para comprar un vaso grande con cerveza y así lograr una hidratación etílica correcta por lo menos durante el inicio del concierto. Todos esos son los elementos presentes en uno de los conciertos de Jaar.

Al entrar a la cueva de la música todo está más oscuro que un baño de gasolinera en la noche, se escucha el sonido peculiar de miles de personas esperando al maestro, una mezcla de gritos, gente excesivamente precopeada y mujeres hermosas que bailan sin fijar la mirada en nada ni nadie rodean mi sagrado spot en la pista del lugar y del cual no me moví durante todo el acto. 

En realidad no existe una pista como tal, es imaginaria, ya que se forma gracias a las personas que llegan hasta adelante basándose en la suma de su experiencia en conciertos junto con una habilidad especial para empujar gente.

Nico sale al escenario, y con su reconocible sintetizador misterioso empieza a producir sonidos orgánicos, en una máquina del tiempo que está al lado de tres teclados. Con esa máquina misteriosa Jaar produce un sonido que empieza infeccioso, monótono, y se va repitiendo; gracias a esa repetición el genio va produciendo canciones de su nuevo LP.

Al voltear a ver las caras de los personajes que me rodean se ve que el sonido especial de estas producciones hechas a la medida para cada concierto están haciendo efecto. El sonido que tiene hipnotizada a la mayor parte de los asistentes es complementado por la voz del mago que a la vez produce, toca los sintetizadores y baila en una frecuencia alternativa. Se ve conectado con la melodía, no voltea a ver al público en todo el concierto y, acompañado de un buen sistema de sonido y unos visuales parpadeantes, el genio cierra el concierto con la canción: No!, agradece sobriamente al público y, sin sonreír de más, salta directo al humo que emana el escenario.

Desgraciadamente, cuando me di cuenta, el hechizo de Jaar se evaporó y, junto con la mayoría del público, me fui zapateando El Bandido en mi mente.1620119-nicolas-jaar-playing-live

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