Cirque du Soleil: una sutil representación de nuestra cultura

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Luzia es el nuevo espectáculo de Cirque du Soleil encargado por el gobierno mexicano. La temporada ha comenzado este fin de semana y permanecerá en Guadalajara hasta el 23 de septiembre, antes de partir a otras ciudades. En años anteriores, los artistas del Circo del Sol ya habían impresionado con sus habilidades al pueblo tapatío, con puestas en escena como Dralion, Saltimbanco, Varekai, Toruk y Quidam, entre otros. Si en esas ocasiones habían introducido al público en mundos fantásticos llenos de trajes coloridos y oníricas escenas, ahora los protagonistas son la historia y las costumbres del pueblo del tequila.

La representación comenzó con un escenario sin elementos fantasiosos, pero sí con uno típico de nuestro país: el cempasúchil, la flor de los muertos. El que no faltó fue el payaso, personaje tan característico de esta compañía. Su estilo fue el que suele caracterizarlo, con un maquillaje y un atuendo que no son los típicos de payaso, pero en el que predomina lo cómico por encima de todo. El payaso es un hombre de una edad aparentemente avanzada que situó al público en un punto de confort y alegría, al hacer reír a los presentes con un lenguaje únicamente corporal.

Al poco, y sin que el hombre hubiera tenido la oportunidad de dejar el escenario y evitar el torbellino que se venía, una mariposa monarca voló hacía el escenario, envuelta en la música proveniente de la voz de una mexicana que deleitó al público con temas tradicionales toda la noche. Tanto ella como la mariposa llevaban su cabello trenzado como el de todas las artistas.

La mujer que representó a tan patriótico insecto requirió la ayuda de los ayudantes de escena, aquellos que son imprescindibles y tan invisibles, pero que están al pendiente de que todo salga bien mientras los artistas salen a escena. Sin esperar mucho tiempo, unos pájaros fueron asomándose y brincando de un lado al otro. Una especie de caminadora gigante fue el escenario perfecto para que las aves hicieran saltos mortales o piruetas en el aire. El show comenzaba con la representación de la fauna y flora de nuestro país.

Pero no fue mucho lo que tardó en cambiar de lo natural a un tema más social. Una mujer, vestida con un corsé rosa, a modo de las prostitutas de las primeras décadas del siglo XX, entró a la taberna -que antes había sido la selva- acompañada por tres hombres representantes del ideal de caballero de la época. Estos tres la cargaban a su gusto, la lanzaban de un lado a otro sin que la acróbata pudiera hacer nada, en apariencia. En el fondo, simplemente se veía a hombres tomando y mujeres que los acompañaban, mientras que la frágil prostituta volaba por los aires y caía siempre en los brazos de esos galanes.

Después de tan fiel representación de la atmósfera tabernaria y el machismo que se vivieron durante muchos años en el país, el sol salió. Una imagen del astro rey, a juego con los vestidos de las artistas, fue el escenario para que tres artífices, una trapecista y dos acróbatas, mostraran sus talentos.

Un respiro para gran parte de los personajes se dio cuando el payaso, quien, como ya habíamos indicado, comenzó con el show, salió al escenario y, tras sacar más de una carcajada, se vio de nuevo atrapado en escenas que poco tenían que ver con él. En esta ocasión, un aparente rodaje de película se desarrollaba, mientras que un hombre de notable musculatura se paraba de manos sobre palos de madera. El público contenía la respiración cada vez que éste agregaba un palo más y la altura y dificultad del truco aumentaban.

Y, como no podía faltar, el fútbol tuvo su lugar. Una mujer y un hombre asombraron con sus habilidades para hacer trucos con el balón. Obtuvieron aplausos del público, pero no tan sonoros y abundantes como aquellos que volaban por el aire. Poco antes de que llegara el intermedio, el agua comenzó a caer del cielo, o de un aparato situado en lo alto de la carpa, produciendo imágenes de animales. Muchos sacaron sus celulares para intentar captar la maravilla de la tecnología que se veía armonizada por la voz grave de la cantante, quien terminó el tema con un fondo de papel maché cortado de la forma típica del día de muertos a sus espaldas.

Veinte minutos después, cinco acróbatas salieron sentadas en un tubo vertical -o al menos eso parecía, ya que la fortaleza de sus brazos les daba la habilidad de sostenerse simplemente con ellos-. En un espectáculo de lo que vulgarmente podría ser llamado pole dance, las artistas sorprendieron con su fuerza y flexibilidad.

El nivel de peligro del espectáculo iba en aumento. El Santo, el famoso enmascarado de plata en la lucha libre mexicana, voló por los aires, en este caso no contra las momias de la película, sino contra un columpio giratorio. Otro artista pasó del cielo, al estar colgado en un trozo de tela, a la tierra o, más propiamente, al agua, al sumergirse en momentos del acto en una pequeña alberca mientras un jaguar, con dos hombres dentro, custodiaba su escenario.

El payaso volvió a sacar las risas en su última intervención para dar lugar a dos marimbas que adornaban el acto del malabarista. Pero la sorpresa más grande la dio un rubio contorsionista al descubrir su forma real mientras se desenredaba. Las estructuras que creaba con su cuerpo, imposibles para el humano promedio, dejaban extasiado al público. Poner la cabeza entre las piernas o plegar totalmente el cuerpo era pan comido para el joven.

Como acto último, dos columpios llenaron el escenario para dejar a los artistas brincar de uno al otro sin ningún respaldo aparente de seguridad. Tres mujeres volaban por los aires mientras sus compañeros impulsaban los balancines o los sostenían cuando era necesario.

Así terminó el espectáculo, del que muchos rumoraban que constituía un homenaje que la compañía dedicaba motu proprio a México. Para ser precisos, deberemos indicar que Luzia es, en realidad, un encargo del gobierno mexicano para la promoción de nuestra cultura. Lo significativo y diferenciador del show es que no hay gritos de ‘Viva México’ ni aparecen banderas nacionales conmemorativas, sino que la sutileza característica de la compañía mantiene su esencia y, más que mostrar, sugiere y embelesa con los orígenes y tradiciones de un pueblo tan rico y próspero como el nuestro.

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