Sí es serio este cementerio

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Una de las tradiciones más arraigadas de la cultura mexicana es la de celebrar el día de muertos el 2 de noviembre. Ésta es considerada una fiesta, más que una efeméride común, pues los mexicanos celebran este día honrando a los muertos de una forma peculiar que no se hace en ninguna otra parte del mundo.

Muchas de las familias que lo celebran ponen un altar para recordar a sus seres queridos que han pasado ya a la otra vida. En ese altar se coloca una fotografía del difunto, la comida y bebida que le gustaba comer en vida y objetos personales. Se les hace un camino de veladoras y flores de cempasúchil. Esto funciona como guía para que el familiar difunto o la persona querida para la que hacen el altar regrese en la noche y disfrute de esa comida y lo que le han puesto.

En Guadalajara, es una tradición para muchos visitar el Panteón de Belén especialmente en esta fecha, que desde mediados del s.XX se convirtió en museo. Durante todo el año hay recorridos diurnos y nocturnos, pero, en el día de los muertos, los recorridos son especiales, únicos. La gente se forma durante más de tres horas para poder entrar.

El Panteón de Belén es considerado una joya del siglo XIX que fue construida por el arquitecto Manuel Gómez Ibarra. El panteón funcionó casi 50 años, ya que en 1896 se cerró por cuestiones de salubridad: la humedad en las paredes empezó a hacer que incluso se salieran los restos de los difuntos de sus nichos. La obra abarca 900 nichos, además de una gran cantidad de tumbas.

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Corredor del Panteón de Belén. Aquí se encuentran las gavetas o nichos.

Un poco de historia

El Panteón de Belén fungía en sus principios como una fosa común para la gente más humilde de la ciudad, pues a finales de 1700 existió una escasez de alimentos y una pandemia de enfermedades que causó la muerte de un número incontable de personas. No había suficientes espacios para enterrar a los muertos, ni tampoco un hospital. Por este motivo se construyó el Antiguo Hospital Civil y un campo santo para los fallecidos en él.

Un terreno trasero al Antiguo Hospital Civil fue el terreno donde hoy se encuentra el Panteón de Belén. Su verdadero nombre desde antaño es El Panteón de Santa Paula, pero nadie lo llama así.

Fue hasta 1848 que, a solicitud del obispo Diego de Arana y Carpintero, se comenzó esta obra funeraria. Cabe destacar que, de ser una fosa común para gente humilde que murió tras varias epidemias, se convirtió en un cementerio para algunas de las personas más destacadas de la élite, cultura, arte, política. Entre ellos estaban las familias Cuervo, Luna y Corcuera, la familia Remus y Castaños, Jesús Camarena y el mismo arquitecto Manuel Gómez Ibarra, ente muchos otros.

Un dato cultural es que anteriormente, en el centro del panteón, se encontraba la capilla de los hombres ilustres, pues ahí yacían los restos de personajes importantes del Estado de Jalisco. A mediados del s.XX los retiraron y los enterraron en la actual Rotonda de los Hombres Ilustres. Entre ellos están Enrique Díaz de León, Severo Díaz, Manuel M. Diéguez, Ramón Corona, Manuel López Cotilla y Jacobo Gálvez, constructor del Teatro Degollado.

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Tumbas del Panteón de Belén

Hoy, el Museo del Panteón de Belén

Desde que el panteón dejó de fungir como cementerio, se restauró y se convirtió en museo, mucha gente lo visita durante todo el año, pero especialmente en las fechas cercanas a la gran tradición mexicana del día de muertos.

Aunque solamente abre sus puertas en eventos funerarios concretos, también se puede conocer en recorridos turísticos, en los que el visitante puede apreciar la arquitectura, con tumbas tan antiguas y los grandes mausoleos que muestran historias de mucho tiempo atrás. Acerca de éstas se cuentan leyendas acerca de las personas que están enterradas ahí, o bien de sucesos misteriosos que han ocurrido dentro del cementerio.

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Tumba del panteón. Es una de las más populares y visitadas del cementerio, pues ahí descansa “Nachito”, un niño del que cuentan una leyenda.

Este 2 de noviembre, el recorrido de las 22:00 horas fue guiado por una mujer que representaba a una de las que están enterradas en el cementerio: Victoriana Hurtado. El campo santo, decorado con luces, flores y gente que actuaba como los muertos, fue un performance un poco terrorífico pero también con humor para hacer agradable el recorrido.

Todo puede hacer recordar aquella canción del grupo español Mecano “No es serio este cementerio”, pues, aunque sí lo es, todas sus leyendas y el espectáculo que preparan para los visitantes es increíble. Y, al actuar los guías como muertos, que hacen bromas y cuentan historias al público, definitivamente se puede hacer alusión a la letra de la canción:

 

Y los muertos aquí lo pasamos muy bien,

entre flores de colores.

Y los viernes y tal

si en la fosa no hay plan

nos vestimos y salimos,

para dar una vuelta,

sin pasar de la puerta, eso sí.

Que los muertos aquí

es donde tienen que estar

y el Cielo por mí,

se puede esperar.

(…)

El panteón familiar

de los duques Medina y Luengo,

que aunque el juicio final

nos trate por igual,

aquí hay gente de rancio abolengo

(…)

 

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