Cada cosa que hace es mágica

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Llenar el Telmex casi a la misma hora en que juegan las Chivas solo puede hacerlo un mago. O un músico tan brillante como Gordon Sumner, más conocido como Sting, quien anoche dio un concierto de tres horas en las que el público estaba cada vez más animado. Más de 8 000 personas disfrutaron por primera vez en Guadalajara del cantante inglés, que sorprendió a todos hablando todo el rato en español y reconociendo que se sentía muy “feliz y honrado de estar aquí”.

Al principio, parecía que iba a decepcionar a sus fans, ya que se le esperaba a las 20 horas y salió a las 20:30 y, además, tras dos de sus nuevas canciones -de esas que no llegan a prender el auditorio- dio paso en seguida a The last bandoleros, los teloneros que estuvieron tocando y cantando hasta las 21:10 horas. Los asistentes, a quienes no había desagradado la actuación del joven grupo, empezaron a desesperarse cuando, minutos después de que los chicos hubieran abandonado el escenario, todavía no había regresado Sting.

Lo hizo, exactamente a las 21:25, con Synchronicity II, una canción del álbum Synchronicity, que editó con The Police en 1983. Le siguió otra todavía más antigua: Spirits in a material world, del disco Ghost in the machine, de 1981. Y, acto seguido, cantó su conocidísimo English man in New York, del que ahora se cumplen 30 años.

Tras cantar otra de sus nuevas canciones, y en medio de un ambiente calurosísimo, este hombre inglés en Guadalajara presentó a todos los miembros de su banda, entre los que se encontraba su hijo, el también cantante Joseph ‘Joe’ Sumner, que tiene 41 años y guarda un gran parecido físico con su padre.

A las presentaciones siguió la interpretación de uno de los temas más pegadizos del artista: Every little thing she does is magic que, sorprendentemente, no fue muy cantado por los fans de las zonas altas. En realidad, y como suele suceder, el cantante tenía a sus más fervientes seguidores de pie en las primeras filas. En promedio, la edad del público de este concierto se situaba en torno a los 40 años.

Por su parte, todo lo que hace Sting, como la chica a la que dedicó  -también con The Police- esa canción hace 36 años, es mágico. Durante todo el concierto fue capaz de modular la voz hasta dar una nueva entonación a cada uno de los temas clásicos que, como Seven days, Fields of gold o Message in a bottle, sucedieron a Every little thing she does is magic.

También mágica fue la actuación junto a su hijo. Al cantar a dúo tras buscarlo en el escenario con la pregunta “¿Dónde está mi hijo?” en un entrañable español, los asistentes pudieron percibir no solo la enorme complicidad y el parecido físico que antes comentábamos, sino lo idéntico de sus voces. Después de la presencia de su ser más querido en el escenario, a muchos les habría costado creer el mensaje del tema que cantó a continuación: So lonely. Pero, insistimos: Sting interpreta con magia.

Y, para magia, la que que hizo al combinar Roxanne con Ain’t no sunshine when she’s gone. La primera es, con casi 40 años, una de las canciones más antiguas que ha producido con The Police. De la segunda, aunque no es suya, se adueñó por completo durante unos minutos, en lo que parecía ser el cierre del concierto.

Un concierto en el que Sting demostró, sin grandes efectos especiales ni cambios de vestuario, que él no necesita de esos alardes. Su estilo sencillo y, por qué no decirlo, un físico que ya quisieran muchos de sus coetáneos, es suficiente para atraer a un gran número de personas que, como las que se dieron cita en el Telmex anoche, no parecían querer irse a casa después de tres horas de concierto.

Por eso, el protagonista de la velada salió una vez más, a cantar su archiconocido Every breath you take y, aún otra, a deleitar a sus fans con Fields of gold por segunda ocasión. Y podría haber seguido porque la mayoría de los presentes no quisieron abandonar el recinto durante un buen rato. ¿Es que no tenían obligaciones al día siguiente, que era lunes? Sí las tenían, pero cualquier obligación puede esperar si uno tiene ante sí a quien lleva embrujándonos con casi cuatro décadas de magia.

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