Belleza y sorpresa acústica en Lagos de Moreno

In Perfiles culturales, Portada
Guitarristas participantes del IV Festival Internacional de Guitarra en Lagos

La vida regala a diario guitarras. Digo, sorpresas. Unas gratas y otras funestas. Este sábado no fue la excepción.

Salimos de Guadalajara cuando el sol no abandonaba aún el otro lado del mundo, con un cielo anegado y nuboso que después hizo las dichas de nuestros ojos cuando se puso a reñir a Febo y sus dorados destellos.

Amanecer de camino a Lagos.
Amanecer de camino a Lagos.

Un viaje de dos horas que bien se podía medir en número de temas charlados. Como decir “condujimos durante 7 charlas”. Una métrica más lúdica. Un accidente nos hizo sumarnos a una caravana que no fue funesta, gracias a Dios. Sólo un camión recostado sobre la carretera, chatarra desperdigada pero un conductor intacto.

Llegamos a Lagos de Moreno, pueblo bajío, Pueblo Mágico, para el Concurso Nacional de Guitarra Clásica, parte del cartel del IV Festival Internacional de Guitarra que aguardábanos -sin saberlo- desde hace cuatro años; y que poca cobertura recibía de medios de comunicación urbanitas. Era mucha la belleza y parece que pobre el gusto de los reporteros. Y la talla del arte escuchado superó las expectativas. Ésa fue una grata sorpresa.

El concurso, el primer evento al que llegamos después de preguntar por él a tantos laguenses como pudimos, se celebró en las instalaciones del Instituto Francisco Orozco y Jiménez.

Entramos por una puerta de acceso para vehículos, no sin preguntarnos si estábamos en el sitio correcto pues sólo veíamos el vergel y el cielo plomizo, además de las paredes de roca de la escuela. Caminamos en dirección a una cúpula en el horizonte y cuatro músicos sentados, cada uno en su propio banco, aparecieron dándonos su indiferente aprobación. Era el sitio. Y ellos practicaban.

Ocho espectadores, cuatro jueces, dos chicos documentando el evento y 30 sillas vacías componíamos el auditorio de cara al pequeño escenario. Veíamos con expectación a cada guitarrista que cargaba su arte oculto para desnudarlo frente a un público que cuantitativamente era pequeño pero que en lo cualitativo era, por el enorme interés y atención que mostraba, muy grande.

“Hola, me llamo Cristian y tocaré Preludio y Allegro BWV. 995 de Bach”, dijo un chico de lentes de montura plástica, tez morena y blancos dientes. Bach, el genio contrapuntístico barroco, en Lagos de Moreno, en manos de un chaval de escasos ¿20 años? Exquisito.

Y, como él, muchos desfilaron frente a nosotros. A unos se les olvidaban las formas, no se presentaban, iban a tocar. Otros decían su nombre, las piezas con las que competían. Sólo en dos cosas no fallaba nadie: secarse el sudor de las manos temblorosas por la adrenalina, por los nervios -en un pañuelo los más dandys, en el pantalón los otros- y en la reverencia con la que agradecían al público. “Gracias por escuchar, gracias por aplaudir, gracias por oír de lo que soy capaz”, decía cada uno de ellos.

Guitarrista mirando su instrumento
No hacían falta palabras, la música ya era elocuente.

Parecía que la música les exprimiera el ser. Es lo que hacen los artistas auténticos: desaparecer  para que el arte se muestre. Así, cuando acababan, una sonrisa blanca o amarilla surcaba los rostros perlados y orgullosos. El alma parecía hincharse nuevamente en su interior.

Sembrando una semilla

Acabado el concurso, cinco minutos nos fueron dados a un público que a las 11 horas no superó las 15 personas pero que, para las 14, momento del concierto de solo jazz guitar de César González, era mayor a las cuatro decenas. Sin incluir a los concursantes ni al staff.

César llevaba una guitarra acústica de extrañas curvas, exótica. Y otra que estaba a medio camino entre un bajo y un cello. “Mejor hablo ahora, que luego con los nervios se olvida todo” confiesa con franqueza. Es un maestro porque se sabe alumno. “Gracias maestros, porque con su trabajo dan ejemplo a otras instituciones. Gracias Hugo”. Le sonríe a quien primero es su amigo antes que anfitrión. El silencio se condensa cuando toma asiento. No sé si alguno tendrá noción del jazz, pero todos oímos con la atención de un experto, con el cuerpo tornado y los oídos y ojos abiertos, porque la música también se ve e incluso, en ocasiones, se palpa.

César la sentía, con cada pieza que tocaba su frente se iba perlando, sus facciones se acentuaban y relajaban. Hasta la botella a su lado comenzó a sudar. Repentinamente una alarma se dispara a lo lejos, en la calle. Nadie se inmutó, era el tiempo del jazz, del maestro.

Antes de acabar con Stella by starlight de Victor Young, se detuvo. “Una vez más, gracias, espero que estén disfrutando. Y una vez más quiero decir que me da mucho gusto ver maestros de Lagos, alumnos de Lagos, que se esté sembrando una semilla aquí. Gracias por asistir.”

Comenzó a llover. Las nubes rompieron su seno y vertiéronse sobre los campos, sobre este Lagos colonial, de Mariano Azuela y Antonio Gomezanda, de poesía y música, cuerdas y aplausos ahogaron el coro pluvial.

César González, solo guitar jazz.
Maestro César González durante su concierto.

Premiación

De los 30 participantes que acudieron al concurso, sólo 9 pasaron a la final. De estos últimos nos tocó escuchar sólo a uno -mala la fortuna- por nuestra impuntualidad.

Los agradecimientos, los premios simbólicos para todos los participantes. Y después el anuncio de los “ganadores”. “No, de los finalistas, es que no hay 30 guitarras para todos”. Se sueltan las risas. El premio al primer lugar era una guitarra del maestro laudero Héctor Elías López. “Si es por dinero…” Vuelven a brotar las risas. Hay mucha alegría. La música alegra y educa el alma, indudablemente.

Al final, van nombrando a cada uno de los que pasaron a la última ronda. Todos se felicitan, bromean, se ríen y se aplauden. Me cuestiono si se conocerán. Se ven tan amigos… bendita música.

Lagos de Moreno, ninguno de sus hijos pasó a la final, pero le han dejado un gran tesoro musical. Que no se acabe la música, que no se acaben los maestros.

Los 9 finalistas del concurso nacional de guitarra clásica
Los nueve finalistas del Concurso Nacional de Guitarra Clásica con Hugo Acosta (ext. der), organizador de FIGLa.

 

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